lunes, 3 de marzo de 2014

La gran estafa

Trajes de corte impecable, joyas las justas, gris marengo, corbata a juego, zapatos limpios, cómodos y poco usados, molde de cara, mueca estudiada, sonrisa apretada, dientes.

Comienza el desfile tan aburrido, tan visto, tan obsoleto, tan admirado por muchos, ellos mismos y algunos otros, no tantos, los justos.

Choque de manos, miradas oportunas, cámaras preparadas, perfil derecho, perfil izquierdo, cada uno el suyo, después de aprenderlo frente al espejo, guiños.

Camas grandes, almohadas de plumas, sábanas limpias, nuevas, recién planchadas, perfume y champú y crema hidratante en la basura, o en la maleta, moqueta, césped recién plantado, sin cagadas de perro, papeleras cegadas, cámaras, ojos que miran todo, caras tapadas.

Suena la campana, barriga llena, asiento mullido, calefacción a tope, envoltorio de arte. Un caramelo.

Clap, clap, clap.
Estribillo.
Bla, bla, bla. Traductor simultáneo. Bla, bla, bla.
Contenido
Estribillo
Estribillo
Estribillo

La plaza está llena, todos juntos, tan distintos y tan iguales, hermanos de juego, colegas, en la arena bajan la ceja, al anochecer brindan en el camerino. Ebrios de gloria.

Fuera, el resto, tan tonto piensan, tan poco maduro se dicen, sin cara, sin nombre, sin nada.



Exposición "Expertos" en La Taller. Hace un año




miércoles, 5 de febrero de 2014

Metaignorante


Una época de mediocres y metaignorantes nos está llevando precisamente a punto en el que nos encontramos: desconcierto, desinformación, desencanto, desesperación y quizás un nivel de hartazgo inevitable pero necesario.
Si el mediocre se caracteriza por rodearse de seres iguales, el metaignorante es un incansable buscador de alturas. Le gusta mirar hacia abajo y creer en la ignorancia ajena. Así, el primero vive enamorado de su contrario, suele ser envidioso y se siente cómodo entre afines uniformados (es más tonto que malo). El segundo en cambio, es un narciso incapaz de aceptar su propia ignorancia, hace suyas las ideas ajenas y disfruta robando. Parece lo que no es (es más malo que listo).
Lo peligroso es que ambos resultan tremendamente dañinos porque están transformando el paisaje en el hazmereír de unos y la golosina fácil de otros. Y mientras tanto, son muchos los que pululan sin brújula intentando guiarse por las estrellas. A ver si espabilamos.